Posteado por: universis | Diciembre 4, 2008

Inmaculada Concepción

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de Maria

El 8 de diciembre de 1854 el Sumo Pontífice, Pío Nono, después de recibir numerosas peticiones de todos los obispos y fieles de todo el mundo se reunió en la Basílica de San Pedro en Roma y proclamó la fiesta de la Inmaculada Concepción. Había más de 200 prelados, cardenales, arzobispos, obispos, embajadores y miles y miles de fieles católicos, en medio de la emoción general declaró solemnemente:

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Posteado por: universis | Diciembre 4, 2008

Seminario y sagrada escritura

El Papa pide a los seminaristas más contacto con la Escritura

 

Recibió en audiencia a los miembros de tres seminarios pontificios italianos

 

 

CIUDAD DEL VATICANO, martes 2 diciembre 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación las palabras de Benedicto XVI a los miembros de las comunidades de los seminarios pontificios de Las Marcas, Puglia y Abruzzo-Molise, a quienes recibió en audiencia el pasado sábado en el Vaticano con motivo del centenario de su fundación.

* * *

Queridos hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,

queridos amigos de los Seminarios Regionales de las Marcas, Puglia y Abruzzo-Molise

Estoy particularmente contento de acogeros con ocasión del centenario de la fundación de vuestros respectivos Seminarios Regionales, surgidos a raíz del aliento del Papa san Pío X, que solicitó a los obispos italianos, especialmente del centro y sur de la península, a ponerse de acuerdo para concentrar los seminarios, con el fin de proveer más eficazmente a la formación de los aspirantes al sacerdocio. Os saludo con afecto a todos, empezando por los arzobispos monseñor Edoardo Menichelli, monseñor Carlo Ghidelli y monseñor Francesco Cacucci, a quienes agradezco las palabras con las que han querido interpretar los sentimientos de todos. Saludo a los rectores, los formadores, los profesores y alumnos y a cuantos a diario viven y trabajan en estas instituciones vuestras. En tan significativa efeméride deseo unirme a vosotros al dar gracias al Señor, que en este siglo ha acompañado con su gracia la vida de tantos sacerdotes, formados en tan importantes realidades educativas. Muchos de ellos están ocupados hoy en las diversas secciones de vuestras Iglesias locales, en la misión ad gentes y en otros servicios a la Iglesia universal; algunos han sido llamados a desempeñar cargos de alta responsabilidad eclesial.

Quisiera dirigirme ahora particularmente a vosotros, queridos seminaristas, que os estáis preparando para ser obreros en la viña del Señor. Como ha recordado también la reciente Asamblea del Sínodo de los Obispos, entre las tareas prioritarias del presbítero está la de distribuir a manos llenas en el campo del mundo la Palabra de Dios que, como la semilla de la parábola evangélica, parece una realidad demasiado pequeña, pero una vez que ha germinado, se convierte en un gran arbusto y da fruto abundante (cfr Mt 13, 31-32). La Palabra de Dios que vosotros seréis llamados a sembrar a manos llenas y que trae consigo la vida eterna, es Cristo mismo; el único que puede cambiar el corazón humano y renovar el mundo. Pero podemos preguntarnos: el hombre contemporáneo, ¿siente aún necesidad de Cristo y de su mensaje de salvación?

En el contexto social actual, una cierta cultura parece mostrarnos el rostro de una humanidad autosuficiente, deseosa de realizar sus proyectos por sí sola, que elige ser la artífice única de su propio destino y que, en consecuencia, cree que la presencia de Dios no influye y por ello la excluye de hecho de sus elecciones y decisiones. En un clima marcado por un racionalismo cerrado en sí mismo, que considera el de las ciencias prácticas como único modelo de conocimiento mientras que lo demás es subjetivo, y que por tanto corre el riesgo de ver la experiencia religiosa como una elección subjetiva, no esencial y determinante para la vida. Ciertamente hoy, por estas y otras razones, creer es cada vez más difícil, cada vez es más difícil acoger la Verdad que es Cristo, cada vez es más difícil gastar la propia existencia por causa del Evangelio. Sin embargo, como vemos cada día en las noticias, el hombre contemporáneo parece a menudo desorientado y preocupado por su futuro, en busca de certezas y deseoso de puntos seguros de referencia. El hombre del tercer milenio, como en todas las épocas, tiene necesidad de Dios y lo busca quizás aún sin darse cuenta. El deber de los cristianos, de modo especial de los sacerdotes, es recoger este anhelo profundo del corazón humano y ofrecer a todos, con los medios y los modos que mejor respondan a las exigencias de los tiempos, la inmutable y siempre viva Palabra de vida eterna que es Cristo, Esperanza del mundo.

De cara a esta importante misión, que seréis llamados a llevar a cabo en la Iglesia, asumen gran valor los años de seminario, tiempo destinado a la formación y al discernimiento; años en los que, en el primer lugar, debe estar la búsqueda constante de una relación personal con Jesús, una experiencia íntima de su amor, que se adquiere sobre todo a través de la oración y el contacto con las Sagradas Escrituras, interpretadas y meditadas en la fe de la comunidad eclesial. En este Año Paulino, ¿cómo no proponeros al apóstol Pablo como modelo en el que inspiraros para vuestra preparación al ministerio apostólico? La experiencia extraordinaria en el camino de Damasco lo transformó, de perseguidor de los cristianos, en testigo de la resurrección del Señor, dispuesto a dar la vida por el Evangelio. El era un fiel observador de todas las prescripciones de la Torá y de las tradiciones hebreas, pero, después de haber encontrado a Jesús, “estas cosas que para mí eran ganancias- escribe en la Carta a los Filipenses – las he considerado una pérdida con motivo de Cristo”. “Por él – añade – he perdido todas estas cosas y las considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él” (cfr 3,7-9). La conversión no ha eliminado cuanto había de bien y de verdadero en su vida, sino que le permitió interpretar de forma nueva la sabiduría y la verdad de la ley y de los profetas y de ser así capaz de dialogar con todos, siguiendo el ejemplo del Divino Maestro.

A imitación de san Pablo, queridos seminaristas, no os canséis de encontrar a Cristo en la escucha, en la lectura y en el estudio de la Sagrada Escritura, en la oración y en la meditación personal, en la liturgia y en toda actividad diaria. En este sentido, queridos responsables de la formación, es muy importante vuestro papel, pues sois llamados a ser para vuestros alumnos testigos aún antes que maestros de vida evangélica. Los Seminarios Regionales, por sus características típicas, pueden ser lugares privilegiados para formar a los seminaristas en la espiritualidad diocesana, inscribiendo con sabiduría y equilibrio esta formación en el más amplio contexto eclesial y regional. Vuestras instituciones deben ser también “casas” de acogida vocacional para imprimir mayor impulso a la pastoral vocacional, cuidando especialmente el mundo juvenil y educando a los jóvenes en los grandes ideales evangélicos y misioneros.

Queridos amigos, mientras os agradezco por vuestra visita, invoco sobre cada uno de vosotros la maternal protección de la Virgen Madre de Cristo, que la liturgia de Adviento nos presenta como modelo de quien vela en espera de la vuelta gloriosa de su divino Hijo. Confiaos a Ella con confianza, recurrid a menudo a su intercesión, para que os ayude a permanecer despiertos y vigilantes. Por mi parte os aseguro mi afecto y mi oración diaria, mientras os bendigo de corazón a todos.

Posteado por: universis | Noviembre 29, 2008

I Adviento

Lecturas: Isaías 63,16-17.19; Salmo 80(79); Carta I de San Pablo a los Corintios 1,3-9.

Evangelio según san Marcos (13, 33-37)


Recordar las maravillas de Dios en la historia

La Iglesia entra este fin de semana en el tiempo litúrgico de Adviento. Los cristianos proclaman que el Mesías ha venido realmente y que el reino de Dios está a nuestro alcance. El Adviento no cambia a Dios. El Adviento profundiza en nuestro deseo y en nuestra espera de que Dios realice lo que los profetas anunciaron. Rezamos para que Dios ceda a nuestra necesidad de ver y sentir la promesa de salvación aquí y ahora.

Durante este tiempo de deseo y de espera del Señor, se nos invita a rezar y a profundizar en la Palabra de Dios, pero estamos llamados ante todo a convertirnos en reflejo de la luz de Cristo, que en realidad es el mismo Cristo. De todas formas, todos sabemos lo difícil que es reflejar la luz de Cristo, especialmente cuando hemos perdido nuestras ilusiones, cuando nos hemos acostumbrado a una vida sin luz y ya no esperamos más que la mediocridad y el vacío. Adviento nos recuerda que tenemos que estar listos para encontrar al Señor en todo momento de nuestra vida. Como un despertador despierta a su propietario, Adviento despierta a los cristianos que corren el riesgo de dormirse en la vida diaria.

¿Qué esperamos de la vida o a quién esperamos? ¿Por qué regalos o virtudes rezamos en este año? ¿Deseamos reconciliarnos en nuestras relaciones rotas? En medio de nuestras oscuridades, de nuestras tristezas y secretos, ¿qué sentido deseamos encontrar? ¿Cómo queremos vivir las promesas de nuestro Bautismo? ¿Qué cualidades de Jesús buscaremos para nuestras propias vidas en este Adviento? Con frecuencia, las cosas, las cualidades, los regalos o las personas que buscamos y deseamos dicen mucho sobre quiénes somos realmente. ¡Dime qué esperas y te diré quién eres!

Adviento es un período para abrir los ojos, volver a centrarse, prestar atención, tomar conciencia de la presencia de Dios en el mundo y en nuestras vidas.

En este primer domingo de Adviento, en la primera lectura del profeta Isaías, el Todopoderoso vuelve a dar esperanza al corazón y al alma de Israel; modela a Israel como lo hace el alfarero con la cerámica.

En la segunda lectura, en su carta a la comunidad amada de Corinto, Pablo dice que espera con impaciencia “El día del Señor”, en el que el Señor Jesús se nos revelará para salvar a quienes ha llamado.

En el Evangelio del primer domingo de Adviento, Marcos describe al portero de la casa que vela en espera del regreso inesperado de su señor. Se trata de una imagen de lo que tenemos que hacer durante todo el año, pero especialmente durante el período de Adviento.

Nuestro Bautismo nos hace participar en la misión real y mesiánica de Jesús. Cada persona que participa en esta misión participa también en las responsabilidades regias, en particular, en el cuidado de los afligidos y de los heridos. Adviento ofrece la maravillosa oportunidad de realizar las promesas y el compromiso de nuestro Bautismo.

El cardenal Joseph Ratzinger ha escrito que “el objetivo del año litúrgico consiste en recordar sin cesar la memoria de su gran historia, despertar la memoria del corazón para poder discernir la estrella de la esperanza. Esta es la hermosa tarea del Adviento: despertar en nosotros los recuerdos de la bondad, abriendo de este modo las puertas de la esperanza”.

En este tiempo de Adviento, permítanme presentarles algunas sugerencias. Acaben con una riña. Hagan la paz. Busquen a un amigo olvidado. Despejen la sospecha y sustitúyanla por la confianza. Escriban una carta de amor.

Compartan un tesoro. Respondan con dulzura, aunque les gustara una respuesta brutal. Alienten a un joven a tener confianza en él mismo. Mantengan una promesa. Encuentren tiempo, tómense tiempo. No guarden rencor. Perdonen al enemigo. Celebren el sacramento de la reconciliación. Escuchen más a los otros. Pidan perdón si se han equivocado. ¡Sean gentiles aunque no se hayan equivocado! Traten de comprender. No sean envidiosos. Piensen antes en el otro.

Rían un poco. Ríanse un poco más. Gánense la confianza. Opónganse a la maldad. Sean agradecidos. Vayan a la iglesia. Quédense en la iglesia más de tiempo de lo acostumbrado. Alegren el corazón de un niño. Contemplen la belleza y la maravilla de la tierra. Expresen su amor. Vuélvanlo a expresar. Exprésenlo más fuerte. Exprésenlo serenamente.

¡Alégrense porque el Señor está cerca!

Posteado por: universis | Noviembre 26, 2008

Violencia doméstica

Dramático aumento de los actos de violencia doméstica

Mensaje del nuevo arzobispo coadjutor de Sevilla, monseñor Asenjo

CÓRDOBA, martes, 25 noviembre 2008 (ZENIT.org).- No es posible quedarse impasibles ante el dramático aumento de los casos de violencia doméstica que sufren las mujeres, afirma el nuevo arzobispo coadjutor de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina.

En este martes, día de lucha contra la violencia por razón de sexo,ZENIT recoge un mensaje enviado recientemente por el prelado, hasta ahora obispo de Córdoba sobre la llamada “violencia doméstica”.

El dramático crecimiento de los actos de violencia doméstica, que se viene registrando en los últimos años en España, según Asenjo, pone de manifiesto la urgencia de responder a la llamada que nos hiciera el papa Juan Pablo II, con ocasión de la IV Conferencia Mundial sobre la mujer, celebrada en Pekín en 1995: “A las puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y resignados ante este fenómeno”.

“Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia que con frecuencia tienen por objeto a las mujeres”, afirmaba Papa Karol Wojtyla.

Como señalaba el pontífice, indica monseñor Asenjo, “quien contempla el mundo y sus sufrimientos con los ojos del Evangelio no puede permanecer ajeno ante el incremento de la violencia que se registra en el ámbito familiar, que afecta a los mayores y a los no nacidos, pero que se centra también, de forma no marginal, con las mujeres maltratadas”.

En este último caso, la violencia se ejerce como, opina el arzobispo, “medio de control del cónyuge, a través del miedo y la intimidación, e incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes y el ataque sexual, llegándose, tal como nos muestran las crónicas de sucesos de los medios de comunicación, a terribles homicidios que culminan con el suicidio o autolesión del propio agresor”.

Los estudios que se han realizado sobre este problema, explica, “demuestran que la violencia doméstica se produce en familias de todos los niveles económicos y de educación, y que tiene difícil pronóstico, ya que la violencia se ejerce normalmente en la privacidad de los hogares, donde muchas veces queda envuelta en el silencio”.

Por lo que se refiere a las causas de este grave fenómeno, los especialistas sostienen que un pequeño porcentaje de los casos se debe a un desorden psicofísico, pero que en la mayoría intervienen otros factores, como son el alcoholismo, la drogadicción o una situación laboral precaria.

Los hombres que abusan de sus mujeres tienden a ser extremadamente celosos y posesivos, y lo más preocupante, añade el arzobispo, “es que muchos de ellos han crecido en hogares en los que ya se ejercía la violencia. Los terapeutas familiares señalan, en efecto, que la violencia familiar es una conducta aprendida, que se transmite de generación en generación”.

En un documento publicado en 1992, los obispos de Estados Unidos afirmaban que es también muy preocupante el hecho de que muchos hombres que maltratan a sus mujeres se sienten justificados para actuar de esta forma a consecuencia de una determinada cultura que propugna la superioridad del varón sobre la mujer.

Los abusos son percibidos, en estos casos, como un modo de dar cauce a los problemas, tensiones y frustraciones del varón, en una sociedad saturada de violencia en el cine y en la televisión.

Frente a esta mentalidad, sugiere el arzobispo coadjutor de Sevilla, “debemos recordar con Juan Pablo II en la encíclica Mulieris Dignitatem, que tanto el hombre como la mujer son seres humanos con la misma dignidad, y que ambos fueron creados a imagen de Dios (n. 6). El modo de actuar de Cristo, ejemplificado en sus encuentros con mujeres marginadas, como es el caso de la hemorroisa (Mc 5, 25-34) o la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8, 1-11), también nos impulsa a estar cerca de las mujeres maltratadas, para las que se deben reivindicar medidas legales de protección”.

Pero el endurecimiento de estas medidas no es suficiente para salvaguardar la dignidad de la mujer, opina el prelado.

Por ello, indica, “hay que hacer un esfuerzo, tan grande como sea posible, para erradicar las verdaderas causas que propician el actual incremento de los casos de violencia doméstica, que son en realidad factores de tipo cultural o ideológico. En este sentido, convendría no perder de vista la relación que establece el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España entre la violencia contra las mujeres y la revolución sexual, acaecida en Europa a mediados del siglo XX, y que conforma en medida el modo como se vive actualmente la relación hombre-mujer (n. 11)”.

La violencia contra las mujeres, sobre todo si se ejerce dentro del matrimonio, encierra, opina el obispos “una especial malicia moral, ya que el amor del esposo por la esposa siempre debe ser signo del amor de Jesucristo por su Iglesia”. Ello exige, en consecuencia, indica, “un amor del todo especial, protección y respeto”.

Concluye su carta invitando a “acoger y ayudar con amor a las mujeres maltratadas desde nuestras parroquias y desde nuestras Caritas”, a “acompañar desde los Centros de Orientación Familiar”, “a los matrimonios en dificultades y a ayudar a los novios a prepararse auténticamente para el matrimonio, el mejor camino sin duda para precaver este problema”.

Invita igualmente a todos los miembros de la Iglesia diocesana “a implicarse en la pastoral familiar y en el anuncio del Evangelio de la familia, que es manantial de respeto por la dignidad de la mujer, de amor, paz y reconciliación”.


Posteado por: universis | Noviembre 25, 2008

La belleza, un camino para llegar a Dios

Benedicto XVI: La belleza, un camino para llegar a Dios

Mensaje a las Pontificas Academias

 

CIUDAD DEL VATICANO, martes 25 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el Mensaje que el Santo Padre ha enviado hoy al Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, y a los participantes en la XIII Sesión pública de las Academias Pontificas con el tema “Universalidad de la belleza: estética y ética al contraste“.

 

* * *

 

Al venerado Hermano

monseñor Gianfranco Ravasi

Presidente del Consejo Pontificio para la Cultura

Me es grato enviarle a Usted y al Consejo de Coordinación de las Academias Pontificas mi cordial saludo con ocasión de la Sesión pública anual, tradicional cita para dar relieve a las actividades promovidas con empeño y dedicación generosa por cada una de las Academias, y momento de encuentro y de compartir entre las distintas Instituciones, animadas por un objetivo común: servir a la persona humana, para hacer resaltar su esplendor y sus responsabilidades, su armonía y misión. Estoy contento de extender mi saludo a los señores cardenales, a los obispos, a los sacerdotes, a los señores embajadores y a los representantes te cada Academia Pontificia reunidos para este acto solemne y familiar.

Para esta Decimotercera Sesión Pública de las Academias Pontificias, la Insigne Academia Pontificia de las Bellas Artes y Letras de los Virtuosos en el Panteón, que organiza este año el evento, ha elegido como tema Universalidad de la belleza: estética y ética al contraste, un argumento muy significativo para profundizar la relación, o mejor, el diálogo entre estética y ética, entre belleza y actuar humano, diálogo tanto más necesario cuanto más quizás olvidado o eludido.

La necesidad y urgencia de un renovado diálogo entre estética y ética, entre belleza, verdad y bondad, nos es vuelto a proponer no sólo por el actual debate cultural y artístico, sino también por la realidad cotidiana. A diversos niveles, de hecho, emerge dramáticamente la separación, e incluso la confrontación, entre las dos dimensiones, la de la búsqueda de la belleza, comprendida aunque reductivamente como forma exterior, como apariencia que perseguir a toda costa, y la de la verdad y la bondad de las acciones que se llevan a cabo para realizar un fin. De hecho, una búsqueda de la belleza que fuese extraña o separada de la búsqueda humana de la verdad y de la bondad se transformaría, como por desgracia sucede, en mero estetismo, y sobre todo para los más jóvenes, en un itinerario que desemboca en lo efímero, en la apariencia banal y superficial, o incluso en una fuga hacia paraísos artificiales, que enmascaran y esconden el vacío y la inconsistencia interior. Esta búsqueda aparente y superficial ciertamente no tendría una inspiración universal, sino que resultaría inevitablemente del todo subjetiva, si no incluso individualista, para terminar quizás incluso en la incomunicabilidad.

He subrayado muchas veces la necesidad y el empeño de un engrandecimiento de los horizontes de la razón, y en esta perspectiva, es necesario volver a comprender también la íntima conexión que une la búsqueda de la belleza con la búsqueda de la verdad y la bondad. Una razón que quisiera despojarse de la belleza resultaría disminuida, como también una belleza privada de razón se reduciría a una máscara vacía e ilusoria. En el encuentro con el clero de la diócesis de Bresanona, el pasado 6 de agosto, dialogando precisamente sobre la relación entre belleza y razón, hacía notar que debemos mirar a una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran, belleza y verdad se tocan. Si este empeño es válido para todos, lo es aún más para el creyente, para el discípulo de Cristo, llamado por el Señor a “dar razón” a todos de la belleza y de la verdad de la propia fe. Nos lo recuerda el Evangelio de Mateo, en el que leemos la llamada dirigida por Jesús a sus discípulos: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16). Debe notarse que en el texto griego se habla de kalà erga, de obras bellas y buenas al mismo tiempo, porque la belleza de las obras manifiesta y expresa, en una síntesis excelente, la bondad y la verdad profundas del gesto, como también la coherencia y la santidad de quien lo hace. La belleza de las obras de que habla el Evangelio señala más allá, a otra belleza, verdad y bondad que sólo en Dios tienen su perfección y su fuente últimas.

Nuestro testimonio, por tanto, debe nutrirse de esta belleza, nuestro anuncio del Evangelio debe percibirse en su belleza y bondad, y por ello es necesario saber comunicar con el lenguaje de las imágenes y de los símbolos; nuestra misión cotidiana debe convertirse en elocuencia transparente del amor de Dios para alcanzar eficazmente a nuestros contemporáneos, a menudo distraídos y absorbidos por un clima cultural no siempre propenso a acoger una belleza en plena armonía con la verdad y a bondad, pero siempre deseosos y nostálgicos de una belleza auténtica, no superficial y efímera.

Esto ha surgido también durante el reciente Sínodo de los Obispos, convocado para reflexionar sobre el tema La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia. Diversas intervenciones han evidenciado el valor perenne de un “bello testimonio” para anunciar el Evangelio, subrayando la importancia de saber leer y escrutar la belleza de las obras de arte, inspiradas por la fe y promovidas por los creyentes, para descubrir en ellas un itinerario singular que acerca a Dios y a su Palabra.

En el Mensaje conclusivo, que se dirige a los Padres sinodales y a todos los creyentes, se reafirma la bondad y la eficacia de la via pulchritudinis, uno de los posibles itinerarios, quizás el más atrayente y fascinante, para comprender y alcanzar a Dios. En el mismo documento se recuerda la Carta a los Artistas de mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II, que invitaba a reflexionar sobre el íntimo y fecundo diálogo entre la Sagrada Escritura y las diversas formas artísticas, del que han surgido innumerables obras maestras. En esta ocasión quisiera sugerir que se vuelva a retomar esta carta, a los diez años de su publicación, para hacerla objeto de una renovada reflexión sobre el arte, sobre la creatividad de los artistas, y sobre el fecundo y a la vez problemático diálogo entre estos y la fe cristiana, vivida en la comunidad de los creyentes. Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Académicos y Artistas, porque ésta es precisamente vuestra tarea, vuestra misión: suscitar la maravilla y el deseo de lo bello, formar la sensibilidad de las almas y alimentar la pasión por todo aquello que es expresión auténtica del genio humano y reflejo de la Belleza divina.

Queridos hermanos y hermanas, el Premio de las Academias Pontificias, instituido por mi venerado Predecesor el Papa Juan Pablo II, tiene una finalidad peculiar: suscitar nuevos talentos en los diversos campos del saber y animar la tarea de los jóvenes estudiantes, artistas e instituciones que dedican su catividad a la promoción del humanismo cristiano. Acogiendo, por tanto, vuestra propuesta formulada por el Consejo de Coordinación de las Academias Pontificias, en esta solemne Sesión Pública estoy verdaderamente contento de que se asigne el Premio de las Academias Pontificias al doctor Daniele Piccini, que se ha distinguido por su tarea sea en el estudio crítico de la poesía y de la literatura -particularmente en la italiana de los orígenes y del Renacimiento- sea por su militancia activa en el campo poético, expresada en algunas antologías significativas.

Estoy también contento de que, como signo de aprecio y ánimo, se ofrezca una Medalla del Pontificado al doctor Giulio Catelli, joven pintor, por su investigación artística, apreciada ya por la crítica del arte; así como a la Fundación Stauròs Italiana, Onlus, por la realización del Museo de Arte Sacro Contemporáneo y por la organización de la Bienal de Arte Sacro, cita ya tradicional para los artistas que trabajan en el sector del Arte Sacro.

Quisiera finalmente manifestar a todos los académicos, y especialmente a los Miembros de la Insigne Academia Pontificia de las Bellas Artes y Letras de los Virtuosos en el Panteón, mi vivo aprecio por la actividad realizada, y expresar el augurio de un empeño apasionado y creativo, sobre todo en el campo artístico, para promover en las culturas contemporáneas un nuevo humanismo cristiano, que sepa recorrer con claridad y decisión el camino de la auténtica belleza. Con estos sentimientos os confío a cada uno de vosotros, como también vuestra preciosa obra de estudio e investigación creativa, a la protección maternal de la Virgen María, a la que con toda la Iglesia invocamos como Tota Pulchra, la Enteramente Bella, y de corazón le imparto a Usted, señor presidente, y a todos los presentes una especial Bendición Apostólica.

En el Vaticano, a 24 de noviembre de 2008

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

Posteado por: universis | Noviembre 25, 2008

Corona de Adviento

La Corona de Adviento

Origen: La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Sugerencias
a) Es preferible elaborar en familia la corona de Adviento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.
b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento. c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.
d) Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.
Por ejemplo:
un encargado de tener arreglado y limpio el lugar donde irá la corona antes de comenzar con esta tradición navideña.
un encargado de apagar las luces al inicio y encenderlas al final.
un encargado de dirigir el canto o de poner la grabadora con algún villancico.
un encargado de dirigir las oraciones para ponerse en presencia de Dios.
un encargado de leer las lecturas.
un encargado de encender las velas.

Bendición de la Corona de Adviento
En algunas parroquias o colegios se organiza la bendición de las coronas de Adviento.
Si no se pudo asistir a estas celebraciones, la puede llevar a cabo el papá o la mamá con la siguiente oración:

Señor Dios
bendice con tu poder nuestra Corona de Adviento para que, al encenderla,
despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo
practicando las buenas obras, y para que así,
cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Todos: Amén.

Bendición comunitaria de la Corona de Adviento durante la Santa Misa

SACERDOTE: Al comenzar este nuevo Año Litúrgico, vamos a bendecir, como comunidad cristiana, esta CORONA con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la LUZ DEL MUNDO. Su color verde significa la vida, nuestra vida de la gracia, y la esperanza de ser mejores y unirnos más como comunidad.

TODOS: POR ESO, AL IR ENCENDIENDO, DOMINGO TRAS DOMINGO, LOS CIRIOS DE LA CORONA, DEBEMOS SIGNIFICAR NUESTRA GRADUAL PREPARACIÓN PARA RECIBIR LA LUZ DE NAVIDAD: JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR, QUE VIENE PARA SALVARNOS.

Sacerdote: Démosle gracias a Dios por esta CORONA, pero especialmente porque nos permite estar reunidos, como comunidad, para darle gracias y bendecirlo.

TODOS: TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR, PORQUE SIEMPRE ESTÁS CON NOSOTROS EN EL CAMINO DE LA VIDA Y PORQUE NOS AYUDAS A BENDECIRTE Y A TENERTE PRESENTE CADA DÍA. TE DAMOS GRACIAS POR NUESTRA CONVIVENCIA COMUNITARIA Y POR ESTA CORONA DE ADVIENTO QUE HOY QUEREMOS BENDECIR, O SEA, QUE QUEREMOS PONERLA EN TU NOMBRE PARA QUE SEA EL CENTRO DE NUESTRA ORACIÓN Y REFLEXIÓN COMUNITARIA.

ESCUCHA, PUES, PADRE BUENO, NUESTRAS SÚPLICAS: BENDICE (+) ESTA CORONA DE ADVIENTO, Y AL BENDECIRLA, BENDÍCENOS TAMBIÉN A NOSOTROS COMO COMUNIDAD, DANOS TU PAZ, TU AMOR Y TU UNIDAD. AYÚDANOS A VENCER LAS TENTACIONES. NO NOS DEJES CAER EN EL PECADO QUE NOS APARTA DE TI. ANTES BIEN, AYÚDANOS A PREPARAR LA VENIDA DE TU HIJO JESUCRISTO, LUZ DEL MUNDO, PARA QUE ILUMINE TODA NUESTRA VIDA Y NOS GUÍE POR EL CAMINO DE LA VERDAD Y DEL BIEN, EL QUE VIVE Y REINA CONTIGO, EN LA UNIDAD DEL ESPÍRITU SANTO, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN.

(Se rocía la corona con agua bendita… y se enciende la primera vela…).

Lector: Si encendemos una vela es porque queremos alumbrar, porque queremos tener una señal que pueda ver el que viene hacia nosotros. Es un signo externo de nuestra disposición interior de esperanza.

TODOS: POR ESO, EN ESTE TIEMPO DE ADVIENTO, SEGUIREMOS CON ATENCIÓN Y CON BUENA DISPOSICIÓN, LAS ENSEÑANZAS DE LA PALABRA DE DIOS EN LAS LECTURAS DOMINICALES; Y NOS PREPARAREMOS, DE TODO CORAZON, PARA LA VENIDA DEL SEÑOR A NUESTRA COMUNIDAD PARROQUIAL, A NUESTRA FAMILIA Y A NUESTRA VIDA PERSONAL.

Lector: Su venida histórica, que recordamos cuando el Hijo de Dios nace como Hijo de María, como Hombre para habitar entre los hombres; su venida litúrgica en cada Eucaristía, en su Palabra y en la Comunión; y su venida escatológica, que esperamos con viva fe, al final de los tiempos.

TODOS: POR ESO, ENCENDER UNA VELA TIENE SENTIDO EN LA MEDIDA EN QUE, PERSONAL, FAMILIAR Y COMUNITARIAMENTE, NOS DISPONGAMOS A RECIBIR AL HIJO DE DIOS, A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, QUE VIENE A NOSOTROS PARA SALVARNOS.

Sacerdote: Cristo, en su Evangelio, nos invita a “Velar y a estar preparados, porque no sabemos cuando llegará el momento”.

TODOS: POR ESO, NOS COMPROMETEMOS A PREPARARNOS, EN FAMILIA, A TRAVÉS DEL PERDÓN, DE LA COMPRENSIÓN Y DEL AMOR ENTRE ESPOSO Y ESPOSA; ENTRE PADRES E HIJOS; ENTRE HERMANOS Y HERMANAS; Y ENTRE AMIGOS Y COMPAÑEROS.

NOS COMPROMETEMOS, TAMBIÉN, A MANIFESTAR NUESTRO CARIÑO Y BUENA VOLUNTAD PARA CON LOS AMIGOS Y VECINOS SOBRE TODO, ESTANDO DISPUESTOS A PRESTAR AYUDA SI ALGUIEN NECESITA DE NOSOTROS, DE NUESTRO TIEMPO, DE NUESTRO SERVICIO Y DE NUESTRAS COSAS.

Y LE PEDIMOS A DIOS, NUESTRO SEÑOR, SU GRACIA Y SU FUERZA PARA CUMPLIR FIELMENTE ESTOS PROPÓSITOS. POR JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR. AMÉN.

BENDICIÓN SOLEMNE DE ADVIENTO

Sacerdote: Que Dios, omnipotente y misericordioso.

TODOS: NOS SANTIFIQUE CON LA CELEBRACIÓN DE ESTE ADVIENTO Y NOS LLENE DE SUS BENDICIONES, YA QUE CREEMOS QUE CRISTO VINO AL MUNDO Y ESPERAMOS SU RETORNO GLORIOSO. AMÉN.

Sacerdote: Que Dios, fuente de vida y alegría.

TODOS: NOS CONCEDA PERMANECER FIRMES EN LA FE, ALEGRES EN LA ESPERANZA Y EFICACES EN LA CARIDAD. AMÉN.

Sacerdote: Que Dios, origen de toda bondad.

TODOS: NOS ENRIQUEZCA CON LOS PREMIOS ETERNOS CUANDO VENGA DE NUEVO EN LA MAJESTAD DE SU GLORIA. AMÉN.

Sacerdote: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo (+) y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes.

TODOS: AMÉN.

*** ESTA MISMA BENDICIÓN SE PUEDE USAR EN LOS DOMINGOS II, III y IV DE ADVIENTO

Posteado por: universis | Noviembre 24, 2008

Educación Integral

La fe en las aulas de las escuelas

 

La religión busca mantener su papel en las escuelas


 

ROMA, domingo, 23 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Los colegios católicos en Inglaterra e Irlanda están defendiendo sus derechos frente a constantes ataques. Catholic Education Service (CES) de Inglaterra afirmaba que los reportajes de los medios de comunicación alegando que los colegios de la Iglesia no se han adherido a la ley sobre admisiones eran falsos, informaba el Catholic Herald, el 17 de octubre.

El CES afirmaba que la mayoría de los problemas con las admisiones eran administrativos y no deliberados.

El presidente del departamento de educación de los obispos, el arzobispo Vincent Nichols, también defendía el derecho de los colegios católicos a controlar sus propias admisiones, informaba el Catholic Herald.

En un discurso, el arzobispo afirmaba que algunos habían encontrado “políticamente apropiado” poner de relieve una supuesta “ventaja injusta” de los colegios católicos “poniendo” sus ojos de sus propias ventajas.

Antes de las disputas por las admisiones, un nuevo grupo de presión, Accord, ponía en cuestión la legitimidad de las iglesias para gestionar colegios; un grupo surgido para lograr del gobierno que obligue a los colegios religiosos a aceptar alumnos y profesores de todas las religiones.

Según un informe de Accord, hecho público por la BBC el 29 de agosto, la organización es una coalición de figuras laicas y religiosas. Quiere que el gobierno deje de financiar con dinero del estado a aquellos colegios en los que ellos dicen que hay “discriminación”.

Los críticos de los colegios religiosos les han acusado de seleccionar a los mejores estudiantes, y también de seleccionar a un número desproporcionado de aspirantes de las familias más ricas.

La BBC afirmaba que hay cerca de 6.850 colegios religiosos en Inglaterra de un total de 21.000. La gran mayoría de ellos son católicos o instituciones de la Iglesia de Inglaterra.

“Los buenos colegios religiosos ayudan a los jóvenes de muchas formas, especialmente para conocer más sobre su religión y su lugar en sus vidas”, declaraba Oona Stannard, directora del CES, en respuesta a Accord.

Cohesión

“El desarrollo de actitudes positivas hacia uno mismo y los demás que se encuentra en los colegios confesionales ayuda a construir la cohesión en la sociedad, no la división”, afirmaba en una declaración de prensa el 29 de agosto.

El mismo día era publicada una nota de prensa por una coalición de figuras religiosas representando a los colegios de la Iglesia de Inglaterra, a los colegios católicos, metodistas, judíos, musulmanes, sikhs e hindúes con financiación del estado.

“Este último ataque, basado en una no especificada ‘búsqueda, hace un flaco favor al enorme valor que los colegios religiosos añaden a nuestro sector educativo estatal y al extenso aprecio que los padres y los alumnos tienen por estos colegios”, declaraban.

“Las comunidades religiosas saldrán al paso para apoyar a quienes sufran acoso y ayudarán a quienes requieran ayuda económica”, sostenían los líderes religiosos. “Es muy cuestionable la metodología que pretende asignar una determinada situación socio económica a los alumnos de los colegios religiosos de financiación estatal”, afirmaban.

La declaración no aplacó a periódicos como el Guardian. En un editorial del 2 de septiembre, el director el periódico no tuvo dudas en declarar que: “Ciertamente, el mandamiento cristiano – que se puede encontrar en otras religiones – de amar al prójimo es más difícil de seguir para los niños que crecen sin encontrarse con estos prójimos que sucede que tienen otras creencias”.

La columnista del Guardian Polly Toynbee también arremetía contra lo que consideraba como la influencia perniciosa de los colegios religiosos, denigrándolo por peligros como la “locura del creacionismo”, y el “bulying homófobo”.

Religión pública

En Irlanda, tras los repetidos ataques contra el papel de la religión en los colegios. Mons. Leo O’Reilly, presidente de la comisión educación de la Conferencia Episcopal Irlandesa, habló en contra de las propuestas de eliminar la enseñanza de la religión de las escuelas primarias.

Durante una homilía, que se puede encontrar en la página web de la Conferencia Episcopal Irlandesa, pronunciada el 11 de noviembre en la conmemoración del papel del cardenal Newman en la entonces Universidad Católica de Irlanda, Mons. O’Reilly afirmaba que el intento de borrar la religión de las escuelas primarias es una consecuencia lógica de un visión laica que niega la referencia de la religión a la verdad absoluta.

“Por eso reduciría la religión a un seguimiento meramente privado y eliminaría cualquier expresión de ella de la esfera pública”, observaba.

“La instrucción religiosa es una parte integral del curriculum de los colegios católicos y permea la vida entera del colegio”, explicaba el obispo. “Como católicos, somos creyentes cuando estudiamos. Somos racionales cuando rezamos”.

Un documento publicado en agosto por el Iona Institute de Dublín recogía una detallada defensa del papel de la religión en la educación. En “The liberal case for religious schools”, John Murray, antiguo maestro de colegio y profesor en el instituto de magisterio Mater Dei, respondía a críticas como la de considerar la educación religiosa como una clase de “apartheid educativo”.

Bien común

Murray apuntaba que la defensa de la educación religiosa puede hacerse desde un punto de vista teológico, pero los no creyentes pueden no aceptar este razonamiento. Afirmaba que hay sólido argumentos en defensa de los colegios religiosos desde la perspectiva del bien común de la sociedad.

El punto de partida de Murray es recordar el hecho de que los padres son los educadores primarios de sus hijos. Esto no es negar el papel del estado, aclaraba, sino que debemos el estado no es el educador primario de los hijos: son los padres. Por eso los padres tienen un derecho especial respecto a la educación de sus hijos.

La relación entre los padres y sus hijos, continuaba Murray, es parte del bien común de la sociedad.

El derecho y la responsabilidad de los padres de proporcionar una educación a sus hijos también incluye un elemento religioso o filosófico, observaba. Los padres tienen el deber de formar a sus hijos en los valores y costumbres que consideren importantes, y esto incluye la religión.

“De igual forma que se diría que es injusto para la sociedad que un gran número de padres no religiosos pagasen a través de sus impuesto un sistema de educación completamente religioso, sería injusto por parte de la sociedad forzar a un gran número de padres religiosos a pagar para apoyar un único tipo de sistema educativo, el no religioso”, sostenía Murray.

Murray también defendía el derecho a la religión en el colegio en base al principio de libertad religiosa. Si el estado va a cambiar su política para promover sólo un tipo de colegio, excluyendo los colegios confesionales, esto sería una negación del derecho a encontrar la religión en algo que muchas personas consideran importante.

Ayudar a las personas a buscar, a encontrar y a vivir sus convicciones y verdades clave es un legítimo papel del estado. Excluir la religión de esta búsqueda sería incongruente, afirmaba Murray.

“Esto no es favorecer algún bien meramente privado, sino favorecer un bien que todos pueden apreciar hasta cierto punto, y compartir un bien común”, afirmaba.

Visión integral

El 21 de enero, Benedicto XVI se dirigió a los participantes en la asamblea plenaria de la Congregación para la Educación Católica. El mundo de hoy, comentaba, está tentado loen un mundo tentado “por una parte, por el racionalismo, que sigue una racionalidad falsamente libre y desvinculada de toda referencia religiosa, y, por otra, por los fundamentalismos, que falsifican la verdadera esencia de la religión con su incitación a la violencia y al fanatismo”.

La escuela católica, recomendaba el Papa, debería tener como misión primaria la formación de estudiantes de acuerdo con una visión antropológica integral, mientras sigue abierta a todos y respeta la identidad de cada uno. Al mismo tiempo propondrá su propia perspectiva educativa, humana y cristiana.

“Entonces se plantea un desafío nuevo, que la globalización y el pluralismo creciente agudizan aún más, es decir, el encuentro de las religiones y las culturas en la búsqueda común de la verdad”, añadía el pontífice. Un encuentro que algunos quieren evitar negando cualquier papel a la fe en la escuela.

Posteado por: universis | Noviembre 21, 2008

Cómo preparar la homilia

Consejos del padre Cantalamessa al concluir sus meditaciones semanales en ZENIT

 

El predicador del Papa concluye sus comentarios al Evangelio de los 3 ciclos litúrgicos

 

 

ROMA, viernes 21 de noviembre de 2008 (ZENIT.org).- ¿Cómo descubrir en la Biblia la Palabra que Dios me dirige a mí en este momento? A esta pregunta responde el padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., predicador de la Casa Pontificia, en el día en el que ZENIT publica su último comentario al pasaje evangélico de la liturgia dominical.

Durante tres años, con un ingente trabajo de preparación y redacción, el predicador del Papa (tanto de Juan Pablo II como de Benedicto XVI) ha acompañado a los lectores de esta agencia de información a meditar en la palabra de Dios. Terminado el ciclo litúrgico, tras haber comentado todos los pasajes dominicales litúrgicos, como él mismo explica en esta entrevista, deja el relevo a otros.

Y lo hace dando consejos preciosos para aprender a descubrir la Palabra de Dios al abrir las páginas de la Biblia.

–Comencemos con la primera pregunta que se hacen los lectores, ¿qué usted hace para escribir sus homilías y meditaciones?

–Padre Cantalamessa: [Risas...] ¿Qué hago? Leo la Palabra de Dios. Antes de pensar en mis reflexiones, trato de ponerme ante la Palabra de Dios, de buscar cuál es el mensaje que en este momento particular en el que nos encontramos, en el que me encuentro, emerge de la Palabra de Dios. En general, al inicio, es una pequeña luz, que después, poco a poco, se confirma, se consolida, que se comprende mejor a través de una situación o de un problema actual. Ayuda mucho un clima de oración, de escucha del Espíritu Santo, pues Él ha inspirado la Sagrada Escritura y sólo él sabe explicarla, aplicarla al mundo de hoy.

-¿Qué le aconseja a un cristiano que quiere meditar en la Palabra para sacar lecciones para su propia vida o para tomar decisiones de vida bajo la mirada de Dios?

–Padre Cantalamessa: Depende en parte del estado de vida, de los deberes de esta persona. Si se trata de un uso personal de la Palabra de Dios, para su propia vida, lo mejor es comenzar a utilizar la Palabra que la Iglesia nos ofrece a través de la liturgia: la liturgia de las horas, la misa… Con frecuencia, el Señor para hablar se sirve de la elección de la Iglesia, de las lecturas del día. Escuchar con los oídos atentos las lecturas del día con frecuencia revela una respuesta a un problema particular. Una palabra parece hecha a nuestra medida hasta el punto de que a veces uno dice: “¡Esto ha sido escrito justo para mí!”. Por tanto, hay que valorar la elección comunitaria, no personal, hecha por la Iglesia en la liturgia.

Luego está la elección personal, es decir, releer los pasajes de la Escritura que en el pasado han tenido importancia para nosotros, que nos han interpelado. Con frecuencia, el Señor vuelve a hablar a través de los mismos textos para decirnos cosas nuevas y adaptadas a las situaciones que estamos viviendo. Por tanto, hay que valorar las palabras de Dios que en el pasado han sido para nosotros indicaciones importantes.

Luego hay otro medio que es utilizado en la Renovación Carismática, aunque no sólo en ella: consiste en rezar y, después de hacer un acto de fe, abrir la Biblia, pensando que se va a encontrar una respuesta del Señor, o incluso, decidiendo que se tomará como palabra de Dios para nosotros la que cae ante nuestros ojos. No es un medio que ha inventado hoy la Renovación Carismática. Por ejemplo, es lo que le sucedió a san Agustín, quien en el momento crucial de su conversión, abrió las cartas de san Pablo decidido a tomar como voluntad de Dios el primer pasaje que leyera. Le tocó Romanos 13, donde se dice “nada de lujurias y desenfrenos”, “revistámonos de las armas de la luz”. Al leer el pasaje, experimentó cómo le penetraba una luz y una serenidad que le permitió comprender que podía vivir casto. Lo mismo le sucedió a san Francisco de Asís. Cuando todavía no sabía qué hacer, se fue a una iglesia y abrió tres veces el Evangelio y cada vez cayó en un pasaje que hablaba del envío de los apóstoles sin bastón, sin alforjas ni dinero, sin dos túnicas. Y se dijo: “esto es lo que el Señor quiere para nosotros”. Pero los ejemplos se multiplican hasta nuestros días. Teresa de Lisieux no sabía qué hacer, abrió la carta a los Corintios y en ella encontró su vocación a ser el corazón, a ser la caridad. Yo he tenido muchas confirmaciones personales y también de otras personas que han encontrado en la Biblia la Palabra de Dios. No me canso de repetir un episodio muy simpático. Estaba predicando una misión en Australia, y durante el último día vino a verme un obrero, una persona muy sencilla, para decirme que tenía un problema grave en su familia. Tenía un hijo de once años, que no estaba bautizado, pues su mujer se había hecho testigo de Jehová y no quería el bautismo. Me dijo: “¿Qué hago? Si le bautizo habrá un problema, si no le bautizo no me puedo quedar tranquilo, pues cuando nos casamos los dos éramos católicos”. Le dije: “Déjame reflexionar esta noche”. Al día siguiente, cuando llegó, me dijo: “Padre, he encontrado la solución. Ayer, cuando llegué a casa, recé, después abrí la Biblia y me salió el episodio en el que Abraham lleva a Isaac a la inmolación. Y he visto que cuando Abraham lleva a inmolar a Isaac no le dijo nada a su mujer”. Era un discernimiento perfecto, pues, de hecho, los rabinos dicen que Abraham no le dijo nada precisamente para evitar que la mujer le impidiera obedecer a Dios. Yo mismo bauticé al niño. Naturalmente hay que evitar un uso mágico de la Escritura, abrirla sin haber rezado. Esta utilización de la Escritura sólo puede tener lugar cuando se vive en un clima espiritual de obediencia a Dios. Con Dios no se bromea, a Dios no se le interroga de broma, se le interroga ante todo porque uno está decidido a hacer lo que Él nos dará a entender.

Como se puede ver, hay muchos métodos, desde el público al más personal, para orientar la propia vida con la Palabra de Dios.

–Desde hace tres años publicamos sus homilías en nuestros siete idiomas y recibimos miles de mensajes de los lectores que dan las gracias. ¿Que ha significado para usted esta experiencia, este nuevo púlpito, Internet?

–Padre Cantalamessa: Ha sido también un descubrimiento para mí, en el sentido de que no pensaba, y creo que tampoco vosotros podíais pensarlo, que se daría toda esa acogida. Después, al viajar por el mundo, también me he dado cuenta de que la mayoría de los que no me conocían personalmente, me conocían a través de ZENIT, a través de estos comentarios a los Evangelios. Desde el desierto de Arizona hasta África, de Asia hasta Francia, por doquier. Por una parte, ha sido para mí un hermoso descubrimiento, y creo que para vosotros es un aliento. Éste es hoy un vehículo importante para el Evangelio. Hay mucha más gente de la que creemos que busca estos contenidos bíblicos, evangélicos, en Internet. Y los usa: para prepararse a la misa… Algunos sacerdotes los utilizan para preparar la homilía. No son sólo de utilidad para quien los lee, pues esta persona, a su vez, los adapta, los vuelve a presentar, no los relee literalmente. Son una semilla que cae en muchos corazones.

-¿Qué les dice a los lectores de ZENIT que ahora se sentirán huérfanos los viernes de su palabra?

–Padre Cantalamessa: Pronto pienso publicar en un volumen todos estos comentarios, en parte publicados por ZENIT y en parte nuevos o basados en los comentarios que hago en la televisión en Italia. Me lo han pedido. Se trata de comentarios de ese estilo: breves, de una página cada uno. Cuando se publiquen, lo sabrán los lectores de ZENIT. De este modo, quien quiera podrá volver a meditar con estos comentarios. Pero si podéis que otro pueda seguir publicando comentarios, invito a los lectores a leerlos y escucharlos.

Posteado por: universis | Noviembre 21, 2008

Cristo Rey del Universo: XXXIV T.O

XXXIV Domingo del tiempo ordinario

 

Ezequiel 34, 11-12.15-17; 1 Corintios 15, 20-26a.28: Mateo 25, 31-46

 

“Serán congregadas ante él todas las naciones”

El Evangelio del último domingo del año litúrgico, solemnidad de Cristo Rey, nos hace asistir al acto concluyente de la historia humana : el juicio universal: “Cuando el Hijo del hombre venga en u gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas ante él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a la derecha y los cabritos a su izquierda”.

El primer mensaje contenido en este evangelio no el la forma o el resultado del juicio, sino el hecho de que habrá un juicio, que el mundo no viene de la casualidad y no acabará por casualidad. Ha comenzado con una palabra: “Que exista la luz… hagamos al hombre” y terminará con una palabra: “Venid, benditos… Apartaos de mí, malditos”. En su principio y en su final está la decisión de una mente inteligente y de una voluntad soberana.

Este comienzo de milenio se caracteriza por una encendida discusión sobre creacionismo y evolucionismo. Reducida a lo esencial, la disputa opone a quienes, aludiendo –no siempre con razón– a Darwin, creen que el mundo es fruto de una evolución ciega, dominada por la selección de las especies, y aquellos que, aun admitiendo una evolución, ven la obra de Dios en el mismo proceso evolutivo.

Hace unos días tuvo lugar en el Vaticano una sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias, con el tema “Miradas científicas en torno a la evolución del universo y de la vida”, con la participación de los más importantes científicos de todo el mundo, creyentes y no creyentes, muchos de ellos premio Nobel. En el programa sobre el evangelio que presento en RaiUno, entrevisté a uno de los científicos presentes, el profesor Francis Collins, jefe del grupo de investigación que ha llevado al descubrimiento del genoma humano. Le pregunté: “Si la evolución es cierta, ¿queda aún espacio para Dios?”. He aquí su respuesta:

“Darwin tenía razón en formular su teoría según la cual descendemos de un antepasado común y ha habido cambios graduales en el trascurso de largos periodos de tiempo, pero este es el aspecto mecánico de cómo la vida ha llegado al punto de formar este fantástico panorama de diversidad. No responde a la pregunta sobre el por qué existe la vida. Hay aspectos de la humanidad que no son fácilmente explicables, como nuestro sentido moral, el conocimiento del bien y del mal que a veces nos induce a realizar sacrificios que no están dictados por las leyes de la evolución, que nos sugieren preservarnos a nosotros mismos a toda costa. ¿Esta no es quizás una prueba que nos indica que Dios existe?”.

Le pregunté también al profesor Collins si antes había creído en Dios o en Jesucristo. Me respondió: “Hasta los veinticinco años fui ateo, no tenía una preparación religiosa, era un científico que reducía casi todo a ecuaciones y leyes de la física. Pero como médico empecé a mirar a la gente que tenía que afrontar el problema de la vida y de la muerte, y esto me hizo pensar que mi ateísmo no era una idea enraizada. Empecé a leer textos sobre las argumentaciones racionales de la fe que no conocía. En primer lugar, llegué a la convicción de que el ateísmo era la alternativa menos aceptable, y poco a poco llegué a la conclusión de que debe existir un Dios que ha creado todo esto, pero no sabía cómo era este Dios. Esto me movió a llevar a cabo una búsqueda para descubrir cuál era la naturaleza de Dios, y la encontré en la Biblia y en la persona de Jesús. Tras dos años de búsqueda me di cuenta de que no era razonable oponer resistencia, y me he convertido en un seguidor de Jesús”.

Un gran autor del evolucionismo ateo de nuestros días es el inglés Richard Dawkins, autor del libro “God Delusion”, La desilusión de Dios . Está promoviendo una campaña publicitaria que propone colocar en los autobuses de las ciudades inglesas esta inscripción: “Dios, probablemente, no existe: deja de angustiarte y disfruta de la vida” (“There’s probably no God. Now stop worrying and enjoy life”). “Probablemente”: por tanto, ¡no se excluye del todo que pueda existir! Pero si Dios no existe el creyente no ha perdido casi nada, si en cambio existe, el no creyente lo ha perdido todo.

Yo me pongo en el lugar del padre que tiene un hijo discapacitado, autista o gravemente enfermo, de un inmigrante huido del hambre o de los horrores de la guerra, de un obrero que se ha quedado sin trabajo, o de un campesino expulsado de su tierra… Me pregunto cómo reaccionaría a ese anuncio: “Dios no existe: deja de angustiarte y disfruta de la vida”.

La existencia del mal y de la injusticia en el mundo es ciertamente un misterio y un escándalo, pero sin fe en un juicio final, resultaría infinitamente más absurda y trágica. En tantos milenios de vida sobre la tierra, el hombre se ha hecho a todo; se ha adaptado a todos los climas, inmunizado contra toda enfermedad. A una cosa no se ha hecho nunca: a la injusticia. Sigue sintiéndola como intolerable. Y a esta sed de justicia responderá el juicio universal.

Éste no será sólo querido por Dios, sino, paradójicamente, también por los hombres, también por los impíos. “En el día del juicio universal, no será sólo el Juez el que bajará del cielo, escribió el poeta Claudel, sino que toda la tierra se precipitará a su encuentro”.

La fiesta de Cristo Rey, con el evangelio del juicio final, responde a la más universal de las esperanzas humanas. Nos asegura que la injusticia y el mal no tendrán la última palabra, y al mismo tiempo nos exhorta a vivir de forma que el juicio no sea para nosotros de condena sino de salvación, y podamos ser de aquellos a quienes Cristo dirá: “Venid, benditos de mi Padre, entrad en posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

Posteado por: universis | Noviembre 21, 2008

XXXIV Domingo del tiempo ordinario

XXXIV Domingo del tiempo ordinario


Ezequiel 34, 11-12.15-17; 1 Corintios 15, 20-26a.28: Mateo 25, 31-46


“Serán congregadas ante él todas las naciones”

El Evangelio del último domingo del año litúrgico, solemnidad de Cristo Rey, nos hace asistir al acto concluyente de la historia humana : el juicio universal: “Cuando el Hijo del hombre venga en u gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas ante él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a la derecha y los cabritos a su izquierda”.

El primer mensaje contenido en este evangelio no el la forma o el resultado del juicio, sino el hecho de que habrá un juicio, que el mundo no viene de la casualidad y no acabará por casualidad. Ha comenzado con una palabra: “Que exista la luz… hagamos al hombre” y terminará con una palabra: “Venid, benditos… Apartaos de mí, malditos”. En su principio y en su final está la decisión de una mente inteligente y de una voluntad soberana.

Este comienzo de milenio se caracteriza por una encendida discusión sobre creacionismo y evolucionismo. Reducida a lo esencial, la disputa opone a quienes, aludiendo –no siempre con razón– a Darwin, creen que el mundo es fruto de una evolución ciega, dominada por la selección de las especies, y aquellos que, aun admitiendo una evolución, ven la obra de Dios en el mismo proceso evolutivo.

Hace unos días tuvo lugar en el Vaticano una sesión plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias, con el tema “Miradas científicas en torno a la evolución del universo y de la vida”, con la participación de los más importantes científicos de todo el mundo, creyentes y no creyentes, muchos de ellos premio Nobel. En el programa sobre el evangelio que presento en RaiUno, entrevisté a uno de los científicos presentes, el profesor Francis Collins, jefe del grupo de investigación que ha llevado al descubrimiento del genoma humano. Le pregunté: “Si la evolución es cierta, ¿queda aún espacio para Dios?”. He aquí su respuesta:

“Darwin tenía razón en formular su teoría según la cual descendemos de un antepasado común y ha habido cambios graduales en el trascurso de largos periodos de tiempo, pero este es el aspecto mecánico de cómo la vida ha llegado al punto de formar este fantástico panorama de diversidad. No responde a la pregunta sobre el por qué existe la vida. Hay aspectos de la humanidad que no son fácilmente explicables, como nuestro sentido moral, el conocimiento del bien y del mal que a veces nos induce a realizar sacrificios que no están dictados por las leyes de la evolución, que nos sugieren preservarnos a nosotros mismos a toda costa. ¿Esta no es quizás una prueba que nos indica que Dios existe?”.

Le pregunté también al profesor Collins si antes había creído en Dios o en Jesucristo. Me respondió: “Hasta los veinticinco años fui ateo, no tenía una preparación religiosa, era un científico que reducía casi todo a ecuaciones y leyes de la física. Pero como médico empecé a mirar a la gente que tenía que afrontar el problema de la vida y de la muerte, y esto me hizo pensar que mi ateísmo no era una idea enraizada. Empecé a leer textos sobre las argumentaciones racionales de la fe que no conocía. En primer lugar, llegué a la convicción de que el ateísmo era la alternativa menos aceptable, y poco a poco llegué a la conclusión de que debe existir un Dios que ha creado todo esto, pero no sabía cómo era este Dios. Esto me movió a llevar a cabo una búsqueda para descubrir cuál era la naturaleza de Dios, y la encontré en la Biblia y en la persona de Jesús. Tras dos años de búsqueda me di cuenta de que no era razonable oponer resistencia, y me he convertido en un seguidor de Jesús”.

Un gran autor del evolucionismo ateo de nuestros días es el inglés Richard Dawkins, autor del libro “God Delusion”, La desilusión de Dios . Está promoviendo una campaña publicitaria que propone colocar en los autobuses de las ciudades inglesas esta inscripción: “Dios, probablemente, no existe: deja de angustiarte y disfruta de la vida” (“There’s probably no God. Now stop worrying and enjoy life”). “Probablemente”: por tanto, ¡no se excluye del todo que pueda existir! Pero si Dios no existe el creyente no ha perdido casi nada, si en cambio existe, el no creyente lo ha perdido todo.

Yo me pongo en el lugar del padre que tiene un hijo discapacitado, autista o gravemente enfermo, de un inmigrante huido del hambre o de los horrores de la guerra, de un obrero que se ha quedado sin trabajo, o de un campesino expulsado de su tierra… Me pregunto cómo reaccionaría a ese anuncio: “Dios no existe: deja de angustiarte y disfruta de la vida”.

La existencia del mal y de la injusticia en el mundo es ciertamente un misterio y un escándalo, pero sin fe en un juicio final, resultaría infinitamente más absurda y trágica. En tantos milenios de vida sobre la tierra, el hombre se ha hecho a todo; se ha adaptado a todos los climas, inmunizado contra toda enfermedad. A una cosa no se ha hecho nunca: a la injusticia. Sigue sintiéndola como intolerable. Y a esta sed de justicia responderá el juicio universal.

Éste no será sólo querido por Dios, sino, paradójicamente, también por los hombres, también por los impíos. “En el día del juicio universal, no será sólo el Juez el que bajará del cielo, escribió el poeta Claudel, sino que toda la tierra se precipitará a su encuentro”.

La fiesta de Cristo Rey, con el evangelio del juicio final, responde a la más universal de las esperanzas humanas. Nos asegura que la injusticia y el mal no tendrán la última palabra, y al mismo tiempo nos exhorta a vivir de forma que el juicio no sea para nosotros de condena sino de salvación, y podamos ser de aquellos a quienes Cristo dirá: “Venid, benditos de mi Padre, entrad en posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”.

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